Llevo un mes de ajetreo intenso así que, además de dejar el post más abandonado que Paquirrín a la dieta de la alcachofa, se me acumulan los acontecimientos y mezclo churras con merinas, pero así funciona mi cabeza, qué le vamos a hacer.
Este mes me mudé de un piso con muebles a una casa vacía, toda una experiencia que nos ocupó como cuatro fines de semana completos mirando muebles para desesperación propia y ajena (Hijo, of course).
También celebramos el cumpleaños de Hijo, el número siete en total y el primero en México. Eso ya os lo contaré otro día, pero os juro que fue más fácil y menos estresante organizar mi boda.
Qué menos que estrenar la casa organizando algo tranquilo y sencillo como un bazar.
Aquí se hacen mucho, se reúnen varias personas con algo que ofrecer, se reparten los gastos de alquilar mesas y sillas y algo para beber y picar, y listo. En este caso limitamos la publicidad a amigos y conocidos por razones de seguridad, lo de siempre en ese país.
![]() |
By Vanessa González & Laura Abad |
México tiene muchas cosas buenas y una muy mala: la informalidad. Nunca sabes cuando, cuántos y cómo van a llegar, tanto invitados como proveedores y eso es un plus de histeria muy apreciado por los colectivos médicos, pero detestable para el vulgo.
Contando con ello la tarde anterior llamamos a la empresa de alquiler de mesas para confirmar que llegarían entre las 9.30 y las 10 ya que a las 11 estaba previsto empezar.
Hicimos bien ser prevenidas porque eso evitó que se retrasaran más de dos horas, y llegaron apenas pasadas las 12, cuando ya habíamos improvisado los puestos con cajas de cartón y manteles, tendales de la ropa y estábamos a punto de tirar de las tablas de planchar de las amigas. Habíamos convertido el bazar en un top manta en un pis pas. Cada vez que venían los de seguridad a avisar que llegaba alguien más me entraban irrefrenables deseos de salir corriendo agarrando una toalla en mi huida.
Este fue el resultado a grandes rasgos y malas fotos. La fotógrafa extraoficial del grupo y su ayudante estaban comprando compulsivamente y no tuvieron un momento libre.
Y también vinieron algunos niños. Hijo y Jacobo encontraron un pájaro diminuto que había caído del nido. No tenía ni una pluma y no era mayor que un dedo meñique, sus opciones eran nulas, la verdad. Se lo dijimos con precaución y tratamos de prepararlos para un fatal desenlace, pero no hubo tu tía, buscaban el nido con ahínco para devolverlo a su casa.
Al rato llegó Hijo pidiendo a gritos material para hacerle un nido porque "le sale sangre del pico". Tuve que darle algodón y ellos prepararon esto
Después de un momento fue más que evidente que el pajarito había encomendado su alma a Dios, pero Hijo seguía insistiendo que se movía un poquito. Yo ya estaba aterrada recordando el caso de la tortuga Deva (RIP).
Ahora el post se pone a temblar en plan momento agua, porque vamos a recordaaaarrrr.....
Hace unos meses compramos una tortuga que decidió morirse a los quince días sin motivo aparente. Hijo lo pasó fatal y negó lo evidente durante 4 días. Como no quería enterrarla hasta que él asumiese que no estaba ya en el mundo de los vivos, terminé metiéndola en una bolsita de cierre hermético por aquello del mal olor. Finalmente le hicimos un sentido entierro en la terraza del edificio, con lápida y todo. Su padre le cavó la tumba ayudado de una cuchara y, una vez concluidos los rezos y dichas unas emotivas palabras de cariñoso recuerdo hacia Deva, lo dimos por concluido.
De hecho le hizo un dibujo hace poco y esta marioneta, un trabajo escolar, es un claro IN MEMORIAM.
Sólo pensar en tener un pájaro muerto durante días rondando por casa me daban mareos. Cuando le oí decir que "Igual su mamá venía a buscarlo" vi el cielo abierto, me agarré a esa improbable (por no decir imposible) teoría y lo hice desaparecer cuando nadie miraba.
Es terrible mentir así y verlos después tan contentos cuando sabes que es la trola más gorda desde aquella de "sabemos con toda seguridad que hay armas de destrucción masiva", pero qué queréis, no vi otra salida.
Después de un sábado tan intenso el domingo fue una alternacia entre el estado vegetal y los juegos compartidos. A mí me tocó construir el castillo y a Marido jugar al fútbol. Lástima el ataque del dragón, preveo una masacre.