Ya terminan las fiestas del Día de Muertos y con ellas este tiempo dedicado a los mitos y leyendas más famosos y terroríficos de México y, como no quiero dejar un mal sabor de boca, cerramos este proyecto con la historia de un fantasma "buena onda".
En el antiguo Hospital Juárez, ubicado en las calles de Jesús María y Fray Servando, en el Centro Histórico del Distrito Federal, se ha venido escuchando desde 1847, una leyenda de una enfermera que se aparece en el interior del hospital. Le dicen “La Planchada” por su ropa almidonada, pues los que la han visto y los que la conocieron coinciden en que se llama así por su pulcritud, pues almidonaba mucho su uniforme para que éste no se arrugara.
Era una chica rubia, alta, de ojos claros y buen carácter, cariñosa con los enfermos y exigente en su trabajo, que cumplía sin un sólo fallo.
Tenía un carácter serio y reservado, por lo que no hacía caso de los admiradores que tenía, llevando una vida tranquila y sin sobresaltos.
No obstante un día se incorporó al hospital un médico nuevo, el Dr. Joaquín, un hombre joven y guapo pero muy ambicioso, orgulloso y prepotente, que trataba con desdén al resto del personal y del que se decía que seducía a todas las mujeres con las que tropezaba.
Eulalia al principio lo ignoró, pero una noche tuvo que asistirlo en una operación para extraer una bala de la pierna de un joven y Joaquín aprovechó la ocasión para mostrarse amable, simpático y encantador. Eulalia sería una chica encantadora, pero no era tan lista, porque se enamoró del doctor y creyó todas sus palabras.
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"Y a nuestro primer hijo le pondremos Pinocho" |
Aunque todo el mundo la advirtió de la clase de hombre que era, ella no escuchó a nadie y pensó que con ella sería diferente, que la quería y que los demás hablaban así por envidia o ignorancia y siguió adelante con el noviazgo.
Cuando ya estaban a punto de fijar la fecha de la boda el maravilloso doctor le pidió a su prometida que le planchase unos trajes que necesitaba para asistir a un congreso médico que duraría quince días durante los cuales estarían separados, pero tan enamorados como siempre.
La ingenua (por no decir boba) enfermera agarró la plancha y se pasó toda la tarde preparando el equipaje de su amado y pensando que el reencuentro compensaría la tristeza de la separación.
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"Llevo seis horas con la plancha, pero mi Joaquín se lo merece todo". Se merece que le den con la plancha en la cabeza, diría yo. |
Él se despidió con un beso, cogió la maleta preparada por Eulalia y se fue tan contento mientras ella se enjugaba una furtiva lágrima.
Una semana después desde el último día en que vio a Joaquín, un enfermero la abordó cuando estaba sola, le declaró su amor y le pidió que por favor lo acompañara a una fiesta como su pareja de baile, pero ella se negó y le dijo que si acaso no recordaba que el Dr. Joaquín y ella tenían una relación… Asombrado y algo herido, el enfermero la miró y le dijo que no entendía cómo es que nadie le había contado que Joaquín renunció en el hospital y se fue a un viaje de luna de miel con su flamante esposa…
Una persona tan ambiciosa con el doctor no podía casarse con una simple enfermera que no tenía nada que aportar, su desposada era una chica de buena familia con un padre que tenía dinero suficiente para que Joaquín pudiera abrir su propio consultorio.
Atónita, Eulalia se dió cuenta que Joaquín la había utilizado y se volvió una persona amargada y fría que permanecía indiferente ante el sufrimiento de los pacientes, a los que desatendía constantemente.
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"Si quieres la silla vete tú a buscarla, que no tengas piernas no es mi problema" |
Su uniforme dejó de estar impoluto y se veía lleno de arrugas y manchas, descuidó su aspecto y, unos años después, acabó enfermando gravemente y fue ingresada en el mismo hospital donde trabajaba.
Allí pasó de ser una déspota enfermera a convertirse en una paciente más que veía a diario la dedicación y el cariño de sus antiguas compañeras. El sufrimiento que sólo se aliviaba con estas muestras de afecto la hizo replantearse sus últimos años y, aunque no pudo superar la enfermedad y murió en el mismo hospital en el que se labró su desgracia, se arrepintió y volvió a ser la misma mujer dulce y comprensiva de su juventud.
Allí pasó de ser una déspota enfermera a convertirse en una paciente más que veía a diario la dedicación y el cariño de sus antiguas compañeras. El sufrimiento que sólo se aliviaba con estas muestras de afecto la hizo replantearse sus últimos años y, aunque no pudo superar la enfermedad y murió en el mismo hospital en el que se labró su desgracia, se arrepintió y volvió a ser la misma mujer dulce y comprensiva de su juventud.
En cierta ocasión, una de las enfermeras que trabajaban de noche se quedó dormida en su turno. Su negligencia le podría haber costado la vida a un paciente que necesitaba una importante medicación para tratar una fuerte infección que hacía peligrar su vida. El hombre, semiinconsciente, observó como una enfermera, a la cual no pudo reconocer porque tenía el rostro ligeramente borroso y como desdibujado, le suministró el antibiótico necesario y, mientras lo arropaba, le dedicó una caricia en el pelo. Un par de horas después, la enfermera que se había dormido en su turno se despertó sobresaltada y, acordándose de lo importante que era suministrarle la medicación al señor, salió corriendo hacia su habitación, temiéndose lo peor. Al llegar allí se encontró que, el goteo que mezclaba el antibiótico con el suero, estaba perfectamente colocado y la dosis era la correcta. Aún asustada, le preguntó al paciente quién le había puesto la medicación. La respuesta la dejó helada: “Su compañera rubia, la que tiene la bata sin una sola arruga”.
Desde entonces hay miles de testimonios de enfermos que hablan de una hermosa enfermera que los ayuda en momentos de gran sufrimiento.
"Bueno, yo sí he vivido algo extraño en este hospital. Hace cuatro años, sino mal recuerdo, cuando trabajaba en el área de diálisis, ocurrió que con frecuencia veía deslizarse algo blanco por entre los cuartos de los pacientes. Pudo ser La Planchada, pues, como cuenta la leyenda, también supe de enfermitos que dicen haber recibido sus medicamentos cuando en realidad, la enfermera en turno no había suministrado medicamento alguno" Enfermera Evita López Cárdenas, área de urgencias del Hospital General de Zona No. 8 "Dr. Gilberto Flores Izquierdo".
Desde entonces hay miles de testimonios de enfermos que hablan de una hermosa enfermera que los ayuda en momentos de gran sufrimiento.
"Bueno, yo sí he vivido algo extraño en este hospital. Hace cuatro años, sino mal recuerdo, cuando trabajaba en el área de diálisis, ocurrió que con frecuencia veía deslizarse algo blanco por entre los cuartos de los pacientes. Pudo ser La Planchada, pues, como cuenta la leyenda, también supe de enfermitos que dicen haber recibido sus medicamentos cuando en realidad, la enfermera en turno no había suministrado medicamento alguno" Enfermera Evita López Cárdenas, área de urgencias del Hospital General de Zona No. 8 "Dr. Gilberto Flores Izquierdo".
"¿La Planchada...? Oh sí, he leído y escuchado acerca de esa leyenda. Se me hace una historia muy interesante, pero la verdad es que nunca la he visto. Tampoco conozco a ningún compañero (a) que haya dado testimonio de su existencia; sin embargo, tampoco puedo afirmar que no existe. Así que lo mejor es guardar respeto por ese ser".
Marco Antonio Cabrera de la Cruz, compañero enfermero de Evita López.
"Creo que La Planchada es una de las muchas leyendas creadas en México, como "La Llorona". Su historia es parte de la creatividad del mexicano. Yo nunca la he visto, aunque debo aceptar que cuando trabajé de noche, llegué a sentir extrañas percepciones y pudo haber sido ella ¿no?". Lo cierto es que gracias a ella, se habla de nosotras las enfermeras".
María Elena López, Enfermera del cuarto piso de pediatría del Hospital "Dr. Gilberto Flores Izquierdo".
"De La Planchada yo sólo sé que es un alma buena que cuida y procura a los enfermos. Nunca la he mirado, pero tengo amigas que juran haberla visto en el "Instituto Marellac de Enfermería", donde yo estudié. Dicen que era ella porque andaba de blanco, cuando nuestro uniforme era totalmente verde. Pero de este hospital sólo la he escuchado a través de los comentarios de mis compañeras, sobretodo de las que trabajan en la noche".
Emma Pérez Rangel, quien trabaja como enfermera en el cuarto piso de Pediatría de la clínica No. 8 del IMSS.
Aunque la mayoría de las apariciones ocurren en el Hospital Juárez hay noticia de que en otros centros también ha estado la Planchada cuando ha hecho falta. No estaría mal que fuese a España, a ver si mejora la sanidad y acorta las listas de espera; si me la tropiezo se lo comentaré.