lunes, 2 de septiembre de 2013

CAPITANES INTRÉPIDOS

La jornada del domingo se presentaba apurada, teníamos el vuelo a eso de las 5, más o menos, y toda actividad lúdico-gastronómica debía concentrarse en la mañana.
Sin tiempo que perder, vinieron a recogernos nuestros amigos y, tras dejar el hotel, fuimos a desayunar a la mexicana a un precioso local cerca de donde nos alojábamos. Decoración sencilla pero eficaz, festiva sin resultar exagerada y mesas amplias, lo que es de agradecer. Aquí tienden a aprovechar al máximo el espacio y las mesas no son muy grandes; si tenemos en cuenta la cantidad de comida que sirven para un desayuno, comida o cena, siempre se quedan pequeñas.
Y luego ¡A NAVEGAR!, habían quedado con otra pareja que vino con dos niños y una niña de la edad de Hijo y nos llevaban a dar una vuelta en motora por la bahía. Era lo bastante amplia para ir todos cómodamente sentados.
Problemas técnicos con la descarga de fotos del móvil me obligan a engañaros continuamente poniendo imágenes que, aunque se ajustan bastante a la realidad, no son la realidad misma. Da igual, esto no es Informe Semanal, el barquito podría ser éste, pienso, más o menos.
Así, aproximadamente
O puede que algo así, pero en esta línea, una orientación aproximada, vaya.
Mientras esperábamos en el puerto a que llegase todo el mundo Hijo me llamó, "Mamá mira, una moneda en el suelo, da suerte. Cógela tú que quema". Efectivamente, ardía, como para hacerse un tatuaje sin pagar un duro.
Como todos habréis notado faltan las multitudes despidiéndose con música y alboroto vario. Se nos pasó ese detalle, las prisas, que no son buenas.
Una vez navegando el mayor reto fue sacar a los niños del camarote ocupado casi en su totalidad por una cama enorme donde tirarse a jugar. No era una cuestión de moralidad ni buenas costumbres, es que allí abajo la temperatura subía hasta alcanzar fácilmente la del Vesubio en plena erupción.
Se solucionó cuando el padre de la otra familia se subió a la proa, cual Leonardo Di Caprio pero sentado y en un barco ligeramente menor, con toda la tropa infantil. Encantados, oye.
Nosotros, mientras, disfrutando del paisaje, la brisa marina y la bebida fría que llevábamos en una neverita.

Si os tomáis una cerveza delante del ventilador y os ponéis cerca del horno encendido será como si estuvieseis aquí. No olvidéis salpicaros de vez en cuando con agua salada para que la vivencia sea aún más realista.
Fondeamos cerca de un islote en el que el mar está más tranquilo (lo de Océano Pacífico es una broma de mal gusto, las olas tienen un pase, pero la resaca es como un chupetón de Mick Jagger, absorve que no veas). Los niños se lanzaron al agua provistos de chalecos salvavidas junto con los hombres que rechazaron tal tontería.
Resultado: el niño mayor, experto nadador, llegó el primero, seguido de Hijo (que supuestamente no sabía nadar, pero aprendió en esos días), niño mediano tercero y pelotón de hombres empujando a niña últimos, jadeando y resoplando cual ballenas.
No éramos los únicos en la isla, había otras cuatro personas y dos barcos más fondeados también. Técnicamente no estaba desierta, pero a efectos prácticos como si lo estuviera.
Después de un rato de distendida charla en un barco que, al tener echada el ancla giraba continuamente sobre si mismo con un suave balanceo (no, no me mareé si es lo que pensáis, yo he nasío p´a navegar) vino Hijo a buscarme y no me quedó otra que acceder. Al llevar el chaleco fue un paseo llegar hasta la orilla, donde estuvimos lanzando piedras al agua intentando hacerla rebotar hasta que llegó la hora de abandonar el barco.
Rápida comida en una pizzería y pitando al aeropuerto.
Allí Hijo dejó encargado un camión en la tienda de recuerdos "para cuando vuelva otra vez y me porte bien", le preguntó a la azafata si podía visitar la cabina del piloto y le contó a otra en el autobús a la terminal, una vez en tierra, que "tenemos un perro que nos causa muchos problemas".
Y el taxista que nos llevó a casa en México DF llevaba puesto en el coche a Rafael, Grandes Exitos, como dato curioso de última hora.
Nos ha quedado mucho por beber y comer ver y por hacer, así que esperamos regresar para no dejar las cosas a medias.
Eso sí, yo repito Cuchupetas, y si puedo taxista.

domingo, 1 de septiembre de 2013

EL CUCHUPETAS

Hola, nos habíamos quedado en la noche del viernes en el hotel, ahí seguimos.

El sábado a primera, muy primera hora, despertó Hijo y, por la velocidad a la que se vistió, casi se diría que durmió con el bañador puesto.
Nada más desayunar nos fuimos corriendo a la piscina/playa, siguiendo el plan habitual. Le compramos una rueda/flotador que le sirvió para hacer amigos en la piscina y surfear las olas con no demasiado entusiasmo por su parte, ante la insistencia de Marido (sí, el mismo que la noche anterior se puso a ver Lo imposible), mientras vigilaba atentamente por si la siguiente ola era un tsunami.

Después de tomar algo con los amigos de Marido en el bar de la piscina, quedamos a las 2 para comer con ellos.
Nos llevaron a un sitio increíble, en Villa Unión, El Cuchupetas.
Aquí tenéis el enlace de El Cuchupetas, podéis ver el menú, las recomendaciones y en su facebook cuelgan fotos de los clientes http://elcuchupetas.com.mx/mx/
Es un restaurante que empezó sirviendo en la propia casa y fue creciendo, comprando las viviendas de alrededor, así que hay al menos dos locales, uno enfrente del otro, que son en realidad uno solo. Su cocina es de las mejores del país, hasta el punto que la visitan todo tipo de personajes famosos, muchos políticos y hasta el presidente de la república.
De hecho, mientras esperábamos mesa, llegaron varios jeeps de soldados con pasamontañas y armados hasta los dientes que se desplegaron por la zona para escoltar a otro vehículo, súper blindado, como no. Nos explicaron que esa era la escolta habitual de los cargos políticos en Sinaloa, uno de los principales centros del narcotráfico del país, al menos hasta ahora.
Ni en broma saco yo aquí la cámara, ni el móvil, ni un kleenex así me cuelgue el moco hasta el ombligo, no vayan a pensar que estoy buscando una pistolita, una granada o cualquier otro objeto explosivo y se lo toman a mal. Es una foto prestada de internet y os conformáis con eso, es lo que hay. No soy reportera de guerra, no lo olvidéis, riesgos los mínimos.
El pie de la foto anterior se aplica íntegro a esta imagen. Eso sí, son fieles fidelísimas copias de lo que os cuento, era tal cual lo véis, pero muchos más.
Lo bueno es que, pese al éxito,  el local no ha perdido el encanto, te sirven en platos de plástico y dejan un montón de cervezas en un cubo con hielo para que tú mismo te sirvas las que quieras (o necesites, que hace muchisísimo calor y 10º más).

Anécdotas aparte, la comida fue insuperable, la mejor que he probado hasta ahora en México.
Lo bueno de ir con expertos, que además son clientes habituales y prácticamente de casa, es que te lo dan todo hecho, no puedes equivocarte.
Tomamos AGUACHILE DE CALLOS DE HACHA, difícil de explicar. Son algo así como los pedúnculos con los que las ostras se agarran a las conchas, pero de tamaño gigante, y se preparan en ensalada con tomate, cebolla y pepino 
Eso que parece merluza cruda, debajo de la cebolla, son los callos de hacha.
Después mi favorito, sin duda, la estrella del menú, mientras escribo se me hace la boca agua y me muero por volver a comerlos, OSTIÓN A LA CUCHUPETAS. Son ostras a las que ponen una salsa y meten al horno. Impresionantes, para morirse, una delicia, no tengo palabras y me voy a ahogar con mi propia saliva.
Estoy dándole lametones a la pantalla por si algo del sabor pasa a través de ella. No hagáis lo mismo, además de peligroso es inútil.
Seguimos con KAUQUES A LA CUCHUPETAS, una especie de langostino grande preparado también con una salsa y horneados. Muy buenos, pero después de los ostiones nada era igual.
Por supuesto lo sirven con la carne desprendida de la cáscara, esfuerzos los justos, a ser posible ninguno.
Y por fin, el PESCADO ZARANDEADO, también al horno y exquisito, pero como no me preocupé de hacerle un hueco, casi no lo probé. Habrá que volver para intentarlo de nuevo.
Como se pide por peso y éramos cinco, qué menos que pedir uno de 2 kg. Lo increíble es que apenas nos dejamos nada, somos unos campeones (y unos tragones)
Yo me quedé ahí, pero Hijo quiso helado de coco, que es de coco auténtico y viene dentro de medio coco con su carne y todo, Marido pidió helado de piña, igual que el de coco, servido en su piña, y Beatriz, la esposa del amigo de Marido (aquí no son marido y mujer, son esposo y esposa) tomó HELADO DE ELOTE, es decir, de maíz, que me quedé con ganas de probar, pero realmente no podía más.
Helado de elote (maíz para los no iniciados), viene presentado de lo más mono, dentro de su hoja de maíz, envuelto como si fuera una mazorca, lindo, lindo.
Hasta tal punto estaba llena que me olvidé de comprar unas empanadillas de galleta de maíz rellenas de dulce de cajeta que nos dieron a probar unas vendedoras callejeras antes de entrar a comer y que eran tremendas de buenas.

A Hijo superar ampliamente los 40º le sentó como un tiro, antes de empezar a comer se puso color pimiento y medio dormido, un golpe de calor en toda regla, que se solucionó con Gatorade (consejo del médico al que insistió en llamar el amigo de Marido, un cielo, no pudieron ser más amables) y un vaporizador de agua termal que Beatriz siempre llevaba consigo (la experiencia es un grado).

No soy muy partidaria de hacer publicidad, pero en este caso haré una excepción. Si viajáis a un sitio de mucho calor no está de más llevar algo así en el equipaje, hay tamaños pequeños que pueden ir en una maleta de mano o en el bolso sin problemas.
Nada más terminar el postre dijo que quería irse a la playa (comprensible) y se acercó a la cocina para pedir que viniera un camarero a quitar la mesa y a cobrar, que ya habíamos terminado. Con dos narices, aquí, recuerdo, los niños JAMÁS hacen eso. Ojipláticos y estupefactos se quedaron todos.
Empachados y asfixiados, nos llevaron a dar un paseo en coche por el malecón y terminamos en un chiringuito playero con actuaciones en directo bebiendo cerveza, limonada con agua mineral (en realidad es zumo de lima y agua con gas, todo un invento muy recomendable) y pidieron coco con sal, limón y salsa de chile. Probé, como no, pero prefiero el coco al natural.
El malecón de Mazatlán, con sus 21 km, es uno de los más largos del mundo y está adornado con infinidad de esculturas, como éstas que os enseño.



SÓLO PARA INICIADOS: Este monumento a la mujer de Mazatlán, ¿no os recuerda algo a una parecida que hay en el Muro de Gijón? 
Pedro Infante nació en Mazatlán, y aquí sigue, subido en su moto.
Hijo pidió permiso para darse un baño y, a los pocos minutos, estaba agarrado de la mano de dos niñas que lo ayudaban a saltar las olas y lo sacaban si el mar lo arrastraba hacia dentro.

Ya llevábamos unas cuantas cervezas, así que el fotógrafo enfocó ligeramente desorientado. Estamos fuera de cuadro, pero estamos.
Un nuevo intento del fotógrafo que, cada vez más borracho, perdía puntería al mismo ritmo que ganaba en tasa alcohólica.
Un poco después decidió que quería pasar la rompiente para nadar sin estrés y le pidió ayuda a un joven desconocido al que puso a dar saltos con él cuando venía la ola. Nos pareció ligeramente abusivo y ahí intervinimos para que el pobre hombre pudiera continuar tranquilamente su baño. Genio y figura.

Destrozados y encharcados nos fuimos para el hotel, pero no llegué a la habitación, porque Hijo se fue directo a la piscina, donde permaneció hasta pasadas las 9.30. Tras cenar una pizza medio dentro del agua, medio fuera, decidió que quería acostarse. P´a no creerlo.
Mañana más, que ésto me está saliendo más largo que un día sin pan.

viernes, 30 de agosto de 2013

RECTIFICAR ES DE SABIOS, Y YO NO ME QUEDO ATRÁS

Pues sí, ya llegó ese momento tan temido por todos los cronistas de pro, me he equivocado.
Estoy tan perpleja como vosotros, por lo visto Luisa no es sevillana, sino gaditana, del mismo Cádiz. No he visto su certificado de nacimiento, pero creo que por esta vez hará una excepción y creeré en su palabra, porque me ha enviado una prueba irrefutable que adjunto aquí

Los padres de Luisa cogidos de la mano, caminan por la calle La Palma, de Cádiz, hacia el hospital. Ella acaba de romper aguas y Luisa está a punto de nacer.

No cabe duda, gaditana pues.
Un beso guapa.

MAZATLAN

Conversación Madre/Hijo hacia mediados de Julio, en plena canícula veraniega (bueno, aquí es más bien en mayo y junio, pero ¿qué es este blog sin su poquito de drama?).
      • "Mamá ¿podemos ir a la playa?"
      • "Es que aquí no hay playa cariño, hay que ir en avión"
      • "¿Vamos a la piscina?"
      • "Tampoco hay piscina, hay que hacerse socio de un club y estamos mirando uno"
      • "Pues una bañera. ¡POR FAVOR, NECESITO AGUA, NO PARA BEBER, PARA METERME"
Al final terminé llenándole un balde con agua y metiéndole los pies en él.
Vale, lo confieso, el balde no era tan grande. ¡Pero los pies son casi del mismo tamaño!
Después de esto ya era inevitable una visita a la costa. Pero problemas de horario laboral, coordinación de vuelos, plazas hoteleras, bla, bla, bla hicieron que la cosa se retrasase muuuuuuuuuucho.
Finalmente decidimos ir a Huatulco hace un mes y, consecuentes como somos, terminamos en Mazatlan una semana después de lo previsto.
Marido tiene un compañero de trabajo que vive allí e insistió en que debíamos conocerlo; como además se ofreció a hacer de guía para allá fuimos de cabeza.

Mazatlán está situado en el estado de Sinaloa, famoso gracias a La reina del Sur, de Arturo Pérez Reverte. No pienso dar más pistas, pero si sabéis de qué va entenderéis que no las tenía todas conmigo.

Llegamos al aeropuerto de Mazatlán a media tarde, un aeropuerto pequeñito y simpático del que no quieres salir, porque al abrirse la puerta algún gracioso nos apuntó con un secador de pelo en modo "aire extra caliente". O eso me pareció, pero no, resulta que es la temperatura normal por allá, 41º, de hecho habían llegado a los 43º ese mismo día.
Más que correr reptamos hacia el coche que nos esperaba buscando el aire acondicionado como si fuera el Santo Grial en manos de Brad Pitt (o Angelina Jolie en el caso de Marido).
Nos dirigimos a la ciudad atravesando un paisaje verde salpicado de palmeras. La nota la dió Hijo que cada vez que veía un desguace, u otros negocios que parecían igualmente desguaces, o casas que también parecían negocios que parecían desguaces, decía a voz en grito "¡QUÉ CUTRE, PERO MIRA QUÉ CUTRE, ES CUTRÍSIMO!".
Y es que aquí las afueras son muy afueras, pero después de dos meses aquí lo creí más curtido, yo ya no me inmuto.
Por fin llegamos al hotel, al pie de la playa (rige la misma ley de costas que en Benidorm, pero moderan la altura y el número de edificios) a la que llegabas atravesando la piscina.
Vistas desde nuestra habitación
Corrimos hacia el agua en busca de alivio y casi fue peor el remedio que la enfermedad, la sopa que preparaba mi abuela estaba sólo tibia en comparación con el agua de la piscina.
Todos los bañistas están en la unidad de quemados del hospital, por eso no hay ninguno en el agua
Después de un rato de chapoteo lo arrastramos hacia el mar esperando una zambullida algo más refrescante. Error, aún más caliente.
Todo por el turismo
Al ver los puestos que había por allí Hijo me recordó que él quería beber el agua de un coco en la playa como había visto hacer en la TV.
Cuando cayó el sol, y llevábamos más de dos horas en modo playa/piscina parece que se notó, incluso, un cierto birujillo agradable. Hora de cenar.
Después de ciertas vacilaciones y recorrer una calle adelante y atrás (ver post anterior, El café de los domingos para ampliar información) decidimos cenar en un bar en forma de choza a la orilla de la playa. Ceviche, camarones empanizados y langosta de la casa, demasiada comida, pero somos así.
Ahora sí, estáis todos muertos de la envidia, lo sé
Hijo tuvo que hacerse notar, faltaría más, y quiso de postre un paquete de Doritos que vió en una máquina expendedora. Pero quiso el cruel destino que el único paquete disponible estuviese enganchado, de modo que le explicamos que, si metía la moneda, la perdería sin remedio. Su solución fue pedirle al camarero (de aquí en adelante, mesero) que, con la llave correspondiente, abriese la máquina y le diera los Doritos. 
Le dije que esa llave la tenía el señor que venía a reponer los productos, no estaba en el local. Se conformó, pagamos y, en el momento de irnos, se dirigió decidido al mesero para contarle que tenía que llamar al dueño de la máquina en cuestión porque él se había quedado sin su postre y había que solucionarlo más temprano que tarde. Al hombre le hizo tanta gracia que le regaló un flan. Como no, siempre saca algo de sus historias.
Regresamos al hotel a dormir y Marido decidió ver el final de "Lo imposible" que le había quedado pendiente.
Esto se esperaba encontrar Hijo en cualquier momento. Ordenador en mano le enseñé los puntos de riesgo de tsunami para que viera que en México DF no es posible tal cosa. Ahí descubrió que tsunamis no, pero terremotos a paladas. 
Hijo lo vió, peguntó qué era, se lo explicamos siguiendo esa política absurda de no mentir a los niños y las consecuencias fueron inmediatas. Despertó con pesadillas por la noche y me costó Dios y ayuda convencerlo de que no pasaría nada, aunque lo que lo tranquilizó fue saber qué tenía que hacer en caso de tsunami y enterarse de que el mar se retiraba muy, muy lejos antes y tendría tiempo de ponerse a salvo subiendo a lo alto del hotel. Lo del árbol me parece inviable, son palmeras y no veo yo fácil lo de subir.
Así cualquiera, siempre hay gente previsora preparada para cualquier eventualidad, desastre natural, guerra o fin del mundo en general.
Mañana os cuento lo que hicimos el sábado, que básicamente se resume en dos palabras: COMER Y BEBER.





jueves, 29 de agosto de 2013

COMO CONOCÍ A VUESTRAS MADRES

Niños, quiero contaros la historia, o mejor dicho, historias, de cómo conocí a vuestras madres, mis amigas del alma en México DF. Un grupo reciente pero muy unido con el que sabes que puedes contar siempre que lo necesites, con el que tomar un café, echar unas risas, unas lágrimas si hace falta y en el que apoyarse, en definitiva.

ROCÍO
Corría un día de un mes del año 2013 (vale, no tengo mucha memoria para las fechas, no se puede ser perfecta) cuando el móvil se me colapsó con wasaps y mensajes varios que, resumidos, decían más o menos lo siguiente:

            "Tienes que leer El Comercio, sale en Asturianos por el mundo una pareja de Gijón que vive en México"

A mí no se me escapa una, y ya había leído el artículo en cuestión. David y Rocío vivían en Polanco, la zona de la ciudad donde Marido, ya en el país azteca desde hacía varios meses, buscaba alojamiento para la familia.
Pensé que no estaría mal conocer a alguien allí que me pudiera ayudar en mis primeros días en la ciudad, así que empecé a mover contactos (algo que en los últimos tiempos hacía muy a menudo y se me daba genial) y conseguí el correo del trabajo de David.
Como me parecía un tanto avasallador escribirle así, sin más, lo guardé a buen recaudo y decidí esperar.

El 7 de Julio, a las 13:28:54 horas le envié un correo desesperado al que añadí varias disculpas y golpes de pecho por la intromisión. (No tengo memoria, pero sí el correo archivado). Me respondió a las 22:58 y quedamos en vernos al día siguiente por la tarde con su mujer, Rocío, y su niño.
Fueron encantadores e Hijo, que se moría por estar con niños no importa la edad ni el sexo, estuvo encantado con el Peque.
Luego resultó que Rocío, en su anterior vida (en Gijón), era peluquera y ¡oh casualidad!, le había cortado el pelo a Hijo varias veces. En una de esas felices ocasiones, Hijo giró la cabeza y Rocío se llevó a su casa 5 flamantes puntos en un dedo. Un recuerdo para toda la vida. Además Marido y ellos habían llegado en el mismo vuelo después de Navidad.
Aquí está Rocío con toda su familia, justo detrás del toldo naranja, se les ve muy morenos.
Gracias a ella empecé a conocer gente y la vida cambió notablemente. Sé que arriesga su vida y, sobre todo, la de Peque estando con Hijo, que se empeña en empujar él mismo la sillita, llevarlo de la mano y otro montón de cosas tiernas, pero sumamente peligrosas. Además me ha traído algunas de las cosas que me olvidé en casa haciendo un hueco inexistente en unas maletas repletas de mundo-bebé. Así somos los asturianos.

LAURA
Unos días después, no muchos, estábamos con los niños en un centro comercial en que hay una jaula con bolas y juegos varios, cuando escuché hablar a una chica que estaba sentada a mi lado. "Acento español, sin duda", me dije.
Al poco rato pronuncié la palabra maldita en esta ciudad, COGE, se me ocurrió decir y Rocío me recordó que eso no se dice, caca (se lo había pedido yo, para intentar dejar el vicio). Le comenté que no tenía demasiada importancia porque la única persona que lo había escuchado era española.
Aquí la tenéis tomándose una cañita con las amigas, con una tapita de aceitunas con hueso, si os fijáis.
Efectivamente, se puso a hablar con nosotras y nos contó que su marido era mexicano, ella ya había vivido en la ciudad hacía unos años, pero sin niños. Ahora venía con dos, L. y M., y había llegado el día anterior. Como aún no le había llegado la mudanza no tenía la sillita del coche de M., de 2 añitos, y estaba tan nerviosa con el tráfico que había tenido que parar en el arcén un momento para llorar tranquila y convulsivamente, como sólo una madre puede hacer.
Intercambiamos teléfonos y así empezó una gran amistad. No para de moverse y su hijo le presta sus juguetes al mío, lo cual le agradezco infinito. Es la que vive más cerca de mí y a la que más lata le doy, cualquier día se mudará sin decirme nada, lo sé, y no la culpo.

ANA
Un par de días después quedamos en el parque cercano a casa y Laura me presentó a Ana. Se conocieron por internet, en un foro de españoles en DF, y ¡qué sorpresa! se encontraron en el vestíbulo del bloque de apartahoteles que resultó compartían.
Ana es del mismo pueblo que mi madre, conoce a dos de mis primas y su hija, M., es amiga de las suyas. Y eso que en México DF hay unos 22 millones de personas. Si alguien necesita encontrar una aguja en un pajar que me lo diga, yo me ocupo.
Estamos las dos dentro pero, claro, entonces no nos conocíamos. Yo soy la de azul y Ana la del vestido rojo.
Obviamente, nos encantó encontrarnos y tener tantas cosas en común. Ella también había vivido en el DF hacía varios años, así que siempre que hay que ir a algún sitio que no conozco me la pido primer para que venga conmigo en el coche. Es mi GPS humano, mucho más guapa y menos cansina que el Tontón y similares.

MANOLI
El mismo día que Rocío se iba a España de felices vacaciones nos presentó a Manoli, una ceutí residente en Sevilla que había regresado de las suyas hacía unos días. Ella también es veterana, había vivido dos años en Jalapa, vuelto a España y, de nuevo a México, pero esta vez a la capital.
Si alguien ve al niño chico de Manoli que me lo diga, que lo están buscando.
Tiene dos niños D. y JM., ideales para Hijo. Es súper simpática y me da que la cocinillas del grupo, forofa de los mercados y estupenda persona. Tiene su vida aquí perfectamente organizada y nos ayuda mucho a organizar la nuestra, con decir que acuesta a sus niños a las 19.30 h ya os hacéis una idea. Es mi heroína (de la buena, no de la otra).

LUISA
A Luisa la conocimos el día que pasamos en el Mundet, un centro deportivo al que pudimos acceder gracias a que Manoli es socia. Es una sevillana típica, rubia y de ojos azules, con dos niñas pelirrojas de 6 y 4 años, L. y L., que sabemos que tienen algo con Hijo, pero no sabemos muy bien qué, ni con cual de las dos. Definitivamente entre ellos hubo felling desde el primer momento y se llevan fenomenal, me temo que porque son tal para cual.
Luisa es así, pero todo lo contrario, aunque creo haber visto en su casa un cacharro como ése....
Luisa es una santa, con la paciencia de Job, que recorre media ciudad devolviéndonos cosas olvidadas en un lunes de merienda en su casa (súper abundante y monísima la presentación, por cierto) de paso que deja o recoge del cole a mis nueras. Un amor la mires por donde la mires.

ESTHER
La conocí en el Mundet un rato después que a Luisa. Es la única mexicana del grupo (de momento), muy deportista, muy guapa y con un tipazo que sólo se le perdona por lo cariñosa y dulce que es. También tiene dos niños de la edad de los niños de Manoli.
Es una fuente inagotable de información y siempre está dispuesta a ayudarte, a localizar algo que buscas, a acompañarte y a tomar un café o algo de picar, porque ahí sí, es muy mexicana y le encanta comer, aunque no lo parece en absoluto.
Esther es la chica morena que está comprando un pollo. Los pendientes que lleva son de plata mexicana, muy bonitos.
Su único fallo es que la cocina no es lo suyo y no nos vendría mal una ayudita para preparar comida local. Pero lo compensa comprando unos bizcochos buenísimos que trae a las meriendas de los lunes.

ANGELA
Otra andaluza, sevillana también, que consigue así el empate Asturias-Andalucía. La vi por primera vez en casa de Luisa, merendando, como no, en medio del caos que implica meter a todos los niños en una casa nueva y llena de juguetes. Angela, también rubia, como todas las andaluzas por lo que se ve, se lleva la palma tanto en estancia, 7 años ya, como en resistencia, con dos gemelos, niño y niña, de 2 años.
Los niños de Angela son así de guapos, aunque en moreno. Ahí acaba todo el parecido, me parece que lo de las alitas no va con ellos.
De momento es con quien menos he coincidido, por horarios y demás, pero es lo bastante divertida y simpática como para querer verla más. Me gusta mucho y las charlas que hemos tenido han sido de esas para seguir, y seguir, y seguir... Recuerdo que tiene gemelos (o mellizos, nunca me aclaro), vamos, dos a la vez, y no se le nota nada, si no lo sabes te parece una persona normal. Yo estaría con el pelo de punta, los ojos sanguinolientos, los dientes afilados, echando espuma amarillenta por la boca y con dos zapatos diferentes puestos.

Y básicamente eso es todo, tenemos nuestro chat en wasap, nos damos los buenos días, las buenas noches, comentamos sobre el último temblor y hasta nos damos el estado del tráfico y el parte metereológico (Luisa tiene una vista espectacular desde su trabajo y con sólo asomarse ya nos dice lo que hay). Entre todas juntamos un montoncito de niños y niñas de entre 13 y 2 años, (13 en total) y, si en Gijón tenía una MANADA aquí estamos haciendo una TRIBU.

Un beso para todas y un millón de gracias, hacéis que ya no me sienta tan emigrante. Os quiero (aquí dicen os amo, pero todavía no me sale).