viernes, 22 de agosto de 2014

PARCHÍS EXTREME

A Hijo no le gusta seguir por caminos ya trillados, él se va abriendo paso en medio de intrincadas junglas y esa filosofía de vida la aplica a todo, lo cual es sorprendente y agotador.
Si a eso le sumamos el aburrimiento sin límites de una semana y un día encerrado por culpa de la varicela, la cosa se pone peor.
Algo así, pero sin visitas, que es mucho menos llevadero
Por ejemplo, le encantan las matemáticas y se le dan bien, así que cuando le ponen, pongamos por caso, cinco sumas de tres o más números, primero suma las unidades de todas, luego las decenas y luego las centenas porque si no dice que "se aburre". Las posibilidades de cometer algún en error son directamente proporcionales a la cantidad de dígitos, pero a él eso se la sopla, él lo que quiere es innovar.

Esa misma forma de entender la vida se aplica a los juegos. No hace mucho iban a jugar unos cuantos en el recreo al hockey y empezó a organizar el juego con tal lujo de detalles, normas, reglas minuciosas, que al final sus amigos abandonaron sus palos y se fueron a jugar a las canicas, mucho más simple, dónde va a parar.
Y es que cuando se pone creativo es más fácil estudiar filología japonesa en Harvard que aprender sus juegos.
El parchís, sin ir más lejos, es uno de los que más le gustan, pero creo que voy a cambiarlo por otro de "Cómo construir tu propio reactor nuclear utilizando cartones de leche y un bote de laca".
No jugamos con un dado cada uno como todo hijo de vecino, no, nosotros usamos entre 4 y 6 cada uno, los que quepan en el cubilete aunque sea haciendo montañita.
Y, claro, las reglas no pueden ser las mismas, así que, por si alguien se anima a practicar el Parchís extreme, ahí le van:
  1. Para sacar de casa tiene que salir al menos un 5 en alguno de los dados. No cuentas nada, sólo sacas dos y listo.
  2. Cuando ya tienes fichas en el tablero, si te sale un 5 y lo que sea, sacas una y cuentas lo que falte con otra de las fichas. Si está ocupado el espacio con dos fichas primero cuentas y luego sacas.
  3. Si tienes barrera y te sale un 6 tienes que abrir, pero sólo avanzas la suma de los dados restantes, descontando el 6.
  4. Por supuesto vuelves a tirar cuando te sale un 6 y si las tienes todas fuera de casa vale 7 cada uno de ellos.
  5. Si sacas tres veces seguidas algún 6 te vas a casa con la última ficha movida. (Jugando con 8 dados las posibilidades de que esto ocurra son enormes, entras en un bucle espacio/temporal que prolonga las partidas in eternum, pese a que avanzas igual 37 de golpe).
  6. Cuando vas a entrar en la recta final eliges sólo uno de los resultados de los dados porque si no sería imposible llegar a la meta, pero eso sólo lo haces cuando estás a 10 casillas o menos de dicha meta.
Y creo que no me dejo nada. Con estas sencillas reglas se acabó las monótonas partidas en las que podías jugar utilizando sólo el 40% de tu cerebro.
Este revolucionario método hace que tengas que emplear el 120% del mismo o mueras en el intento.

7 comentarios:

  1. No quiero ni imaginarme cómo será La Oca!!!! Jajajajajaja

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    1. No podrias aunque quisieras. Bienvenida otra vez al mundo virtual y, como no, al real. Un beso.

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  2. Como siempre me hiciste reir un buen rato.

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    1. Me alegro que hayas pasado un buen rato, se nota que estás al otro lado de la barrera, no veas tú lo que me estresa jugar a estas cosas, los 5 sentidos es poco. Y al final siempre acaba ganando él, ¿será porque pone las reglas...?. Un besín.

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  3. Querida amiga, me gusta seguirte en el blog, pero la imaginación de hijo es demasiado compleja para mi...ja ja ja,

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    1. Para ti, para mí y para Einstein. Un beso.

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  4. Pues esas normas, sólo que con un dado, son las mismas con las que he jugado siempre. Me parece muy interesante y más divertido como lo hace Hijo!

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