martes, 19 de noviembre de 2013

BOCAZAS A BABOR

Cuando llegas a México todo el mundo te advierte sobre lo mismo: aquí no puedes decir COGER, ni CHAQUETA.
Después de pasar unos meses agarrando, pillando, recogiendo (parece ser que la reiteración, re-coger, ya no es un taco) creí que tenía la cosa controlada, pero no.
Ayer en Xochimilco, paseando en trajinera en medio del río le solté a Hijo una frase que utilizo muy habitualmente, me imagino que como muchos de vosotros: "Por favor Hijo, DEJA DE HACER EL INDIO".
Hijo pillado in fraganti, aún de espaldas su actitud y pose no deja lugar a dudas, va a cometer un delito contra la propia seguridad
Y entonces miré a mi alrededor y de pronto caí de la burra: el 95% de los que me rodeaban tenían un color de piel tirando a chocolate con poca leche, el pelo oscuro como café solo, tieso en el caso de los hombres, los ojos más bien negros, no muy altos y de cuerpo recio.
Una hermosa india navegando tan contenta por los canales de Xochimilco
Resumiendo, la inmensa mayoría tenían un aspecto indígena, o sea, indios, para entendernos y sin ánimo de ofender.
En ese momento pensé que si alguien se giraba y me daba un empujón para tirarme al río no me chocaría, lo único extraño sería que fuese solamente una persona la interesada en que me diera un chapuzón inesperado.
Voy a resetearme de nuevo el cerebro y olvidar la frase de marras, maxime si tenemos en cuenta que acto seguido añadí, "No hagas el tonto".

He buscado el significado y es el siguiente:
Hacer el indio
I Hacer tonterías y payasadas, generalmente para hacer reír a los demás.
II Comportarse de modo equivocado y con poco juicio.

No me he salido ni un ápice de lo que marca la Real Academia, pero tacto más bien poquito.
Apunto esta expresión junto a Voldermort, entre las que no deben ser nombradas.

viernes, 15 de noviembre de 2013

LA CURIOSIDAD MATÓ AL GATO

Como ya se habrá percatado cualquiera que se haya paseado mínimamente por este blog, no soy precisamente parca de palabras.
De natural me considero de verborrea fácil, dada a charlar hasta con las macetas a falta de mejor interlocutor, ojo, diálogos, no monólogos que son harto cansinos.

Añado que ya entré en ese estadio de madurez en el que haces exactamente lo mismo que tu madre cuando iba a comprar carne, pongamos por caso, y la conversación era tal que así, para vergüenza y oprobio de adolescentes granulados:
  • Carnicero: "Buenos días, ¿qué le pongo?"
  • Madre: "Pues no sé, porque pensaba hacer garbanzos para mañana, pero resulta que viene a comer mi suegra, porque mi cuñada ha decidido que se van a a pasar el día a la playa y me la endilga así, sin preguntar, y tengo miedo que le den gases, y como come a Dios por una pata, igual hasta acabamos en urgencias y ni en broma. Igual me llevo unos filetes, pero con lo repunante que es la pequeña para comer la tengo haciendo bola con un mordisco hasta la cena y quería salir a dar una vuelta por el parque antes de merendar para que nos diera un poco el aire, y de paso coger algo de color, que en 15 días tenemos la boda de la prima de mi marido y no voy a ir con este blanco lechoso. Iría a lo de la lámpara, pero tengo miedo ponerme como un cangrejo y sería peor. Dame carne para guisar y un arreglo para cocido que voy a poner sopa de primero".
  • Carnicero: "Muy bien"

La primera vez que me sorprendí en estos menesteres me quedé con esta cara
Después me pasó como con la celulitis, las canas y acordarme del Mundial 82, decidí asumirlo como parte de la vida.
A eso le sumamos que el estar fuera de tu país te hace ser todavía más dicharachera con los casi-desconocidos y amigos recientes, con los que hablas sin empacho a los 5 minutos de conversación, de cómo fue tu parto y hasta la concepción del churumbel. Cosas de expatriadas, ni caso.
Pese a todo hay cosas que se me antojan excesivas.
Hace unos días, recogiendo a Hijo del colegio, una madre desconocida y anónima (anónima porque vestía íntegra de negro y se tocaba con sombrero también negro de ala ancha y enormes gafas de sol) comenzó a departir amigablemente conmigo y enseguida me preguntó dónde trabajaba mi marido (en una ingeniería, ¿en cual?), qué puesto ocupaba (consultor, ¿pero qué hace en concreto?), dónde vivimos (en tal sitio, ¿en qué zona?, cerca del parque). Y la última pregunta (¿en qué calle?) ya me la hizo gritando mientras yo argumentaba muchísima prisa (cierto, por otra parte) y galopaba hacia el coche.
Recuerdo que aquí no es frecuente ni aconsejable dar demasiados datos personales fuera del círculo de amigos. Sus preguntas, impertinentes en extremo, son aquí fuente de desconfianza inmediata.
¡Habla, habla o disparo!. ¿Cada cuánto cambias las sábanas?
Y esta misma mañana veníamos de hacer una revisión a Hijo y le quedó el pelo lleno de pegotes de crema que tuvieron que ponerle. Mientras sacaba dinero en un cajero la mamá con niño pequeño que ocupaba el cajero contiguo me pregunta "¿Qué es lo que lleva el niño en el pelo?". A lo cual respondí "Venimos de hacerle unas pruebas médicas, no es nada".
Lo que me hubiese apetecido es decirle "Mierda a montones". Entre el miedo que hay aquí a cualquier tipo de bacteria, virus, vacilo o bicho microscópico en general, y el efecto de hongo radiactivo que tiene la palabra mierda la hubiera dejado muerta allí mismo, cosa que se merecía, por cotilla.
Y un besito para la madrina guapa de Hijo, muy de Forges ella, en ética y en estética.

lunes, 11 de noviembre de 2013

SEAMUS HEANEY


En el siglo XIX, en una pequeña escuela de la campiña irlandesa, un maestro de escuela introduce a sus alumnos en el conocimiento del alfabeto estableciendo una relación entre las letras y las cosas que a los chicos les resultan familiares. Así, la letra A es como las vigas de una casa; la B, un par de gafas; la C como la luna nueva; la D, un arco sin flecha, etcétera.
En el siglo XXI, en la villa de Salinas, es realmente alentador encontrar un esfuerzo similar para introducir a los jóvenes en la palabra escrita, sus alegrías y beneficios, y el poder que tiene para enriquecer su imaginación y educación. La lectura en edades tempranas proporciona recuerdos que permanecerán con nosotros toda nuestra vida; puede también consolidar la lectura como un hábito de vida, y hacer de los libros un lugar donde podemos, con igual beneficio, perdernos o encontrarnos.
Los mejores deseos para este trabajo.
Seamus Heaney


Tenía esta entrada pendiente hacía tiempo, desde antes del 30 de Agosto de 2013, fecha en la que Seamus decidió buscar otras formas de hacer poesía.
Llevo ya varios años colaborando con la Biblioteca Alvarez Galán, de Salinas, Asturias, en actividades de animación a la lectura para niños, en concreto siete, desde que estaba embarazada de Hijo.
Recuerdo que la primera vez fue haciendo de árbol parlante, mágico y embarazadísimo colaborando con mi Prima y mis Sobrinas (un beso a las tres). Unas semanas más tarde hice mi primer cuentacuentos, con una Rosa aterrada porque estaba a diez días de dar a luz y con todo aquel barullo de niños se vió haciendo de partera entre los libros.
No hubiera sido una mala forma de llegar al mundo, de hecho Hijo tuvo el buen gusto de pasarse por el forro las opiniones médicas y esperó un par de días para nacer el 23 de Abril, Día del Libro y de San Jorge, no se me ocurre mejor fecha.
Desde entonces hasta ahora hemos hecho mil cosas, mil guiones, mil personajes y nos hemos reído mucho más de mil veces, aunque también hemos pasado por momentos tristes y hemos llorado todos juntos, como debe ser (María, Rosa, Alejandra y yo misma lo sabemos).

El año pasado el tema fue "Salinas, un pueblo de cuento", y se invitó a participar en la distancia y gracias a internet, a los Salineros por el mundo, entre los que ahora me incluyo. Además se nombraron "Salineros de honor", Juan Luis, de El sueño de Morfeo, un tío absolutamente encantador y entusiasta, y Seamus Heaney, el primer Nobel de Literatura irlandés, poeta y entrañable que pasó muchos de sus veranos en familia en Salinas.
En Abril de 2013 tocamos el cielo cuando nos encontramos con la sorpresa más increíble del mundo. Heaney vino a Avilés a un acto en el Centro Niemeyer y decidimos hacerle un homenaje en la biblioteca, a nuestro estilo, casero, loco y desenfrenado.
No nos podíamos creer lo que pasaba cuando, minutos antes de empezar, nos dijeron que estaba allí, que venía a vernos. Decir que nos temblaban las piernas es poco, nos queríamos morir. Una cosa es hacer el bobo entre amigos y otra esto y, sobre todo, queríamos que nos saliera perfecto por él, queríamos sobre todo que le gustase y se divirtiera.
Por suerte Rosa le había enviado un librito con el guión en español y en inglés, los dibujos que los niños le habían hecho y otras cosas, así que pudo seguir el hilo, más o menos, porque somos las reinas de las morcillas, es nuestro estilo.
Y creo que lo conseguimos, lo pasó muy bien, se rió, se emocionó y hasta le cayó alguna lagrimita, igual que nos pasó a todos los que estuvimos allí.
Desgraciadamente unos meses después nos dieron la triste noticia, nuestro pequeño homenaje fue el último que pudo recibir.
Las madres, padres y niños de la biblioteca decidieron darle una despedida como creyeron que a él le gustaría, sencilla y con mucho cariño.
Ahí yo no pude estar pero sí se leyeron las palabras que cada uno de nosotros quisimos decirle y nunca, jamás, olvidaré aquella tarde mágica en la que hicimos reír a todo un Nobel.
Se ha derrumbado los puentes, se han roto las cadenas que enlazaban los dos mundos. ¿Cómo encontraré los versos para despedir los versos?. Todo la lluvia asturiana es poca para llorarlo, nuestro poeta, el amigo, el salinero entrañable. Ahora es el viento que sopla desde su Irlanda, la poesía está en el aire, Seamus Heany sigue aquí, esta vez para quedarse. 

Con todo mi cariño y mi más profunda admiración para alguien que fue más grande como persona que como Nobel. (El único capaz de derretir el gélido corazón de la malvada Carraspia) 
Hoy me ha mandado Rosa el video que se grabó, casero, sin cortes y sin censura, como todo lo que hacemos en esa casa que también es la mía. Así que os lo dejo aquí porque en este blog hablo de cosas que me pasan y ¡ESO ME PASÓ, HAY PRUEBAS GRÁFICAS!. (De no ser así no me lo creería ni yo). Por cierto, la hermosa dama que sale al principio del video saludando a Seamus y familia es mi tía, un beso enorme para ella, te quiero.

domingo, 10 de noviembre de 2013

FUKUSHIMA Y LAS MANUALIDADES

Que no señores, que todo fue falta de imaginación, que tienen pocas mujeres en puestos de alto nivel y luego pasa lo que pasa, que no hay recursos.
Si me llegan a preguntar a mí qué hacer cuando fue el escape en Fukushima, lo tengo clarísimo. No hubiera cundido el pánico, el gobierno japonés y los responsables de la central habrían salvado la cara y aquí paz y después gloria, total, no tenía solución, mejor vivir contentos.
Yo hubiera declarado con la cabeza bien alta que no había habido escape alguno, que todo era debido a que estábamos en Temporada de Manualidades y eso explicaba que hubieran saltado todas las alarmas radiactivas de la zona.
¿Qué tal esto como nueva señal "CUIDADO, TEMPORADA DE MANUALIDADES?
Y no lo digo por decir, así a lo loco, sé que los cientíicos de mente más preclara estarán ahora mismo asintiendo con la cabeza (salvo Hawking, pero él también está de acuerdo conmigo). Tengo pruebas de lo que afirmo.
Algo está pasando en los colegios de México DF que todas las madres estamos siendo embarcadas en una especie de paranoia pretecnológica y nos piden llevar todo tipo de objetos de variada procedencia, ya sea una maqueta del Thal Majal hecha con palillos redondos, ya un cohete que funcione con leche deslactosada....
No es el Tal Mahal pero sí que está hecho de palillos, ¿a que mola?
El caso es que una de las víctimas recientes fue mi amiga Laura que tenía que presentar, y, ahí estaba lo bueno, para concurso, una maqueta que representase a su país, España.
Después de una tormenta de ideas vía wasap quedó la cosa en un mapa de España sobre superficie dura, fotos en tamaño mini de distintos lugares representativos de nuestra cultura pinchados con unos palitos en el lugar correspondiente y, ¡oh, lá, lá! un luminoso mar hecho con arenilla azul y olas brillantes
Una preciosidad que, dado el tamaño del invento y que mi casa es la más próxima a la papelería donde venden de casi todo (no le llega a Fantasías Miguel ni a la suela del zapato, pero eso es otro tema para un futuro), decidimos montar toda la infraestructura en la mesa del salón.
Ya empezamos bien porque una mañana otoñal en la que yo anduve más retrasada de lo esperado y no llegué a mi hogar hasta la muy pasada la hora de comer, se plantaron sin previo aviso, y para estupor y desconcierto de mi asistente, tres españolas chifladas y un niño monísimo y, sin esperar más, desplegaron todo su arsenal manualístico y allá se liaron con el pegamento, las banderitas y sobre todo, la dichosa arena azul.
He aquí a la culpable de todos los males de la humanidad
El meollo de este asunto es que la cola no fue suficiente para fijar la arena, como quedó claro al día siguiente cuando hicimos la prueba y se cayó la mitad. R., la peluquera, nos recomendó probar con laca, así que compramos un bote y ¡a por ello!.
Abrí la ventana y empezamos a pulverizar sin escatimar en gastos, de hecho estrujamos el bote cual tubo de pasta de dientes un domingo por la mañana.
A los cinco segundos escasos comenzaron a sonar, no uno, sino dos pitidos taladrantes que nos advirtieron de:

  1. Hay un incendio en el piso/edificio, debes evacuar a toda prisa.
  2. Hay un escape de gas en el piso, evacúa a toda prisa.
  3. Hay un incendio y un escape de gas, corre o reza lo que sepas, depende de tu forma física y tu fe, como tú veas.
Medio sorda y aturdida hice lo que siempre hago en estos casos, llamar a Alejandro, el de mantenimiento.
Alejandro es un chico encantador que siempre es capaz de poner cara de "Tranquila, es normal, le pasa a cualquiera", mientras debe estar pensando "Pinche güera, si es más tonta no nace porque no encuentra el agujero". (Esto da para otro post, ya me salen dos más a cuenta de éste, ¡qué bien!).
Pero date que Alejandro estaba ocupado en otro piso y tardó como 10 minutos en llegar. Con dos alarmas vociferando a pleno altavoz parecen 10 años, pero aún así no desfallecimos y seguimos comentando y trabajando como si nada. Adaptación al medio, creo que lo llaman.

Por supuesto ni nos planteamos evacuar, si haces caso a todas las alarmas que suenan en un día te pasas la vida subiendo y bajando a la calle. Igual por eso las mexicanas se arreglan tanto, nunca sabes cuando toca y mejor no te pille en zapatillas y con los rulos.
Como es obvio para cualquiera que lleve en el DF más de 3 meses, saltó la alarma de gases debido a la concentración de laca por m2, nada importante ni inusual. La única manera de parar el sonido espantoso fue cortarle el suministro eléctrico (algo que aquí la compañía de la luz hace de oficio varias veces al día, son así de gentiles), abrir todas las puertas y ventanas y esperar un par de horitas a que se dispersara todo aquello.

Así que me quedó claro, en realidad no hubo escape radiactivo alguno, si investigamos seguro que descubrimos que en las proximidades de la central hubo algún evento, fiesta de graduación, cumpleaños de los 15 o despedida de soltera que hizo que un número inusualmente elevado de mujeres emplearan para engalanarse la mortífera ¡¡¡LACAAAAA!!!.
Juro que poniendo LACA en Google sale ésto, y quien soy yo para llevarle la contraria. Además así  da menos miedo, hasta parece algo bueno la laca, y el cianuro, y el arsénico, y la cicuta....
Y mi amiga ganó el 2º premio del colegio. El próximo año quedamos primeras, vive Dios, pero no está mal para empezar.
¡QUÉ VIVA ESPAÑA!


sábado, 9 de noviembre de 2013

AUTOBÚS LENTO

Tenemos una plantita de chile en casa, cuya historia ya os contaré en otro momento.
Ayer la trasplantamos a una maceta más grande y hoy está toda triste y chuchurría, más que chile parecen espinacas.
A punto de entregar su alma al Señor
Le eché agua, la puse al sol y nada. Si alguien sabe cómo cuidar una planta de éstas se agradecerían sugerencias.
Pero no es ese el tema de este post, la cuestión es que en la tierra que compramos para rellanar el nuevo hogar de chile apareció una lombriz de tierra e hijo se enamoró de inmediato de ella, porque era "una lindura".
Tras varios meses viviendo aquí ya habla de esta manera, efectos secundarios de la emigración.
Así la veía él
Así la veía yo
El caso es que quería que el gusano se quedara a vivir en casa con nosotros, cosa harto difícil. También decidió bautizarlo; le propuse Gustavo y abreviar a Gus (ingenioso juego de palabras), pero eligió Autobús Lento, Bus, para los amigos, dejando mi ingenio a la altura del betún y demostrando que el suyo es mucho más intrincado que el mío.
Finalmente lo convencí que lo mejor sería liberarlo en los jardines del club deportivo al que vamos.
Le hicimos una especie de tienda de campaña con una servilleta de papel, le añadió una hoja para que pudiera "comer" durante el viaje y le pidió a la chica que viene a ayudar en casa que lo vigilase atentamente mientras se vestía, no fuera a desaparecer.
En el taxi le explicó al taxista la historia de Bus y le dijo también que, si encontraba alguna vez un gusano, lo avisase para hacerse cargo de su guarda y custodia.
A todo esto, yo juraría que el Bus que subió al taxi tenía la mitad de tamaño del que salió triunfante de la tierra y su aspecto general era el de un cadáver, aunque reconozco que cuando estaba a punto de darle la extremaunción, a título póstumo, movió algo la cabeza.
Finalmente llegamos al club, encontramos a sus dos amigas, les enseñó a Bus y le localizó un sitio adecuado para empezar una nueva vida.
Sus amigas L. y L. no demostraron demasiado interés porque hacía apenas unos días habían encontrado un gusano en el club y se lo llevaron a casa en una botella de agua convenientemente agujereada (el viaje inverso). Parece ser que, por un desgraciado error humano, continente y contenido acabaron el el contenedor (no me va a ganar a juegos de palabras un mocoso de 6 años, hasta ahí podíamos llegar). De ahí la insensibilidad ante la ternura de Bus, era una pose debida a un trauma reciente.
Lo que nunca jamás le diré a Hijo, ni bajo tortura, es que esas mismas lombrices eran las que, de pequeña, iba a buscar con mi padre para después utilizarlas de cebo cuando íbamos a pescar. Me llevaré el secreto a la tumba.
P.D.: Hace unas semanas trajo un caracol del cole y ahora vive feliz en el césped de la azotea. Lo que no me explico es que sea tan sensible con estos bichos y luego me proponga que vendamos al perro y con lo que nos den compremos una tortuga.